Buenas queridos lectores, hoy vengo a traeros un pequeño artículo de opinión sobre un tema del que discutí de forma acalorada el pasado fin de semana. Todo surgió cuando una persona a la que llamaremos X dijo que jamás leería la obra de Mario Vargas Llosa y Javier Marías porque según él, su forma de ser y opiniones políticas le producían una fuerte repulsa (estoy adecentando los términos usados). Por ponerles un poco en contexto decir que el escritor peruano ha llevado a cabo constantes ataques hacía el partido político Podemos usando el argumentario sobre Venezuela, mientras que el célebre escritor y columnista de El País ha sido centro de la polémica debido a sus discrepancias sobre ciertos movimientos de la sociedad (como una parte del feminismo).
En este artículo, no pretendo entrar a debate sobre si ambos autores tienen o no razón, pues para eso ya esta cada uno con sus circunstancias; lo que pretendo mostrarles es la respuesta que le dí a la afirmación que X hizo, afirmación que de entrada diré que estuvo más basada en una inusitada ostentación de la ignorancia que en un proceso de reflexión que mereciera la pena. Durante la discusión (no merecía ser llamada debate) yo defendí la postura de que es obligatorio y necesario separar el ámbito personal del autor de la valoración que hagamos de su obra, pues cuando vamos a escuchar una canción, leer un libro o ver una película no vamos a tomarnos unas cañas ni a volvernos el mejor amigo del artista que las haya realizado, simplemente vamos a consumir una forma de cultura, y la calidad de esta última no tiene una relación directa con lo buena o mala gente que pueda llegar a ser su autor. Por poner ejemplos claros, todos conocemos la fama de machista de la que mi paisano Picasso hacía gala, pero eso no mi impide reconocerle como el pintor más influyente del pasado siglo y posiblemente de la historia, lo mismo me ocurre con el antes mencionado Vargas Llosa, yo a nivel personal estoy en las antípodas ideológicas de ese señor, pero eso no me condiciona para decir que La ciudad y los perros o La fiesta del chivo son dos novelas absolutamente imprescindibles para cualquier amante de la literatura. Esto mismo ocurre con personas que se jactan de no ver una película de Luis Buñuel o de Charles Chaplin únicamente porque sus autores defendían una postura ideológica diferente a la suya.
Esta tendencia a tachar a una persona de enemigo acérrimo única y exclusivamente porque va en contra de tus opiniones en un momento puntual, hasta tal punto de que renuncies no solo a reconocer el valor de su obra, sino a darle un oportunidad a su labor como profesional se debe desde mi punto de vista a esa especie de juzgado de lo social que entre todos hemos instaurado y que permite a una sociedad enrabietada (no sin motivos) juzgar la vida entera de una persona por un solo momento de supuesta "flaqueza", y lo que es peor aun, sin ni siquiera haber cruzado tres palabras con ella.
A modo de conclusión y transgrediendo el tema inicial de este artículo, solo me queda decir que les ruego a ustedes que se alejen de los dogmatismos que tan de moda se han puesto hoy, pido que escapemos del conmigo o contra mí, pues si no cesamos en tan absurdo empeño nos estaremos perdiendo un mundo repleto de maravillosas creaciones y experiencias que al fin y al cabo son la que nos forjan como seres humanos. Con esto no pretendo defender una supuesta renuncia a la ideología de cada uno, ni tampoco pretendo alabar, desde mi punto de vista, la absurda ola de centrismo "buenrollista" que asola a Europa y que parece proponer una suerte de neutralidad política y cultural. Lo único que pretendo es que la gente observe al arte y a la cultura como algo vivo y abierto no como una forma de reafirmarse en su ideología. Por favor viajen a otros espacios aunque no estén de acuerdo con ellos o aunque se sientan incómodos visitándolos, pues incluso allí encontraran no solo conceptos o ideas interesantes, sino que igual hasta somos capaces de hallar lugares comunes que permitan una reconciliación entre los numerosos bandos que tristemente hoy conforman nuestra sociedad.