Supongo que todos nos hemos preguntado alguna vez a donde iríamos si pudiéramos viajar en el tiempo, de hecho, esto ha sido reflejado en miles de películas y libros de las maneras más inverosímiles posibles. El otro dia, después de haberme tomado unas copas y mientras volvía a mi casa me puse a tratar de responder a dicha pregunta, y estas fueron mis conclusiones.
Lo primero que se me vino a mi cabeza fue lo genial que sería poder ver ciudades como Alejandría, Roma, Persepolis, Babilonia, Atenas o Tenochtitlan y así poder aprender más de esas civilizaciones, en concreto las que más me llamaban la atención eran las que no habían sobrevivido a nuestro tiempo (Persia, Aztecas, Cartago,....). También me hubiera gustado ver las grandes maravillas del mundo antiguo en su esplendor y visitar lugares de leyenda como la teórica ubicación de Troya, la Constantinopla de Belisario, el Califato de Cordoba o la Xian de Marco Polo.
Todo esto me sonaba genial, pero sentía que sería un turista más y que no me llevaría más de unas fotos increíbles y algo más de cultura (que no es poco ojo), así que cambie el concepto y me puse a teorizar sobre en que épocas me lo pasaría mejor y en cual podría disfrutar más de tan insólita experiencia. Se me vinieron tres momentos a la cabeza, el primero sería haber vivido el Paris de los años 20 donde rebosaba la cultura por cada calle, un Paris donde se fraguo buena parte la intelectualidad que luego guiaría al mundo, tras eso pensé en vivir el Mayo francés del 68, una época de profundos cambios políticos y sociales que marco una conciencia de clase de la que me siento heredero (dentro de la más absoluta modestia), el último lugar al que se me ocurrió ir era al festival de Woodstock, un momento de leyenda para la música y la cultura popular donde el alcohol, la droga y el amor libre campaban a sus anchas formando una espiral del positivismo y despreocupación como nunca se había visto.
De lo anteriormente mencionado me quedaría sinceramente con la última opción, pero aun así tenía la sensación de que allí sería un forastero, un extraño viviendo algo que no le pertenecía. Con esto en mente y ya quedando poco para llegar a mi casa, caí en el hecho de que el tiempo al que más me apetecía retroceder no era otro que a mi infancia, poder volver a rememorar eso momentos en los que uno descubre todo lo que le rodea, esos momentos en los que jugaba con mis padres en el salón de casa o con mis amigos en el patio de mi bloque, el primer dia en el que uno se enamoraba de alguien o volver a ver a la gente que ya no está entre nosotros. Por eso el lugar al que me gustaría viajar no es un gran imperio de la antigüedad o un festival donde tocaban Janis Joplin o Carlos Santana, mi lugar preferido para viajar en el tiempo serian la Málaga y Bolonia de finales de los 90 y principios de milenio, unos lugares y una época donde para bien a para mal me fragüe como persona.
Un hombre más sabio que yo dijo una vez "Los hombres miran al pasado para encontrar una prueba de que aun siguen vivos", y por fin puedo entender lo que de verdad significaba esa frase.








































